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PARKINSON Y ENTRENAMIENTO DE FUERZA

¿Qué es el Parkinson?

Es el segundo trastorno neurodegenerativo irreversible, más común después del alzheimer. Se caracteriza por la pérdida progresiva de las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra (1). La dopamina es un neurotrasmisor que interviene en el control del movimiento, motivación y sistema de recompensa.

La edad promedio para su aparición es de 60 años, pero alrededor de un 10% de las personas son diagnosticadas antes de los 50. Aún se desconoce que provoca su aparición, pero se sabe que tiene un alto porcentaje hereditario y es más común en hombres; se sigue estudiando tanto en factores genéticos como ambientales.

Síntomas de la enfermedad

Los trastornos motores (2), psiquiátricos y autonómicos producen una serie de síntomas en los pacientes que suelen ser comunes, tales como:

  • Temblores en reposo.
  • Bradicinesia (torpeza, lentitud y reducción en los movimientos).
  • Rigidez.
  • Trastornos de la marcha.
  • Alteración de la postura y el equilibrio.
  • Pérdida de movimientos automáticos (voluntarios e involuntarios).
  • Deterioro cognitivo (cambios en el lenguaje y en la escritura).
  • Depresión.

Salud mitocondrial y Parkinson.

La disfunción mitocondrial y la consecuente alteración de la bionergética celular (efecto Warburg*) es un elemento muy común en todas las patologías crónicas modernas, entre ellas; las enfermedades neurodegenerativas como alzheimer o parkinson.

En autopsias de personas con enfermedad de Parkinson existe un deterioro del ADN mitocondrial y una bajada de actividad de la función mitocondrial, específicamente el complejo I mitocondrial (3). El deterioro de la capacidad de producir energía por parte de las neuronas productoras de dopamina parece ser un interruptor determinante de la enfermedad.

El ejercicio físico es el mejor estímulo que conocemos para mantener y mejorar la salud mitocondrial. Se necesita trabajo conjunto entre diferentes profesionales sanitarios y graduados en ciencias de la actividad física y el deporte; que estén especializados y desarrollen programas de entrenamiento donde se pueda personalizar y realizar diferentes progresiones.

* Efecto Warburg: La célula tiene que crear la mayor parte del ATP que necesita mediante glucólisis citoplasmática, disminuyendo forzosamente la fosforilación oxidativa.

Entrenamiento de fuerza

En los pacientes de Parkinson se aprecia una evidente mejora en los valores de inhibición presinápticos tras la realización de un protocolo de entrenamiento de fuerza. Además, se aprecian mejoras en las
funciones de prensión y control del individuo.

La debilidad y lentitud de movimientos, es una característica común en Parkinson, pero a través del entrenamiento de fuerza se consigue disminuir estos efectos; mejorando la velocidad de la marcha y cadencia. El trabajo defuerza en combinación con otras modalidades de ejercicio mejora la fuerza,
reduce el riesgo de caídas, mejora la bradicinesia corporal y mejora la calidad de vida del individuo.

El entrenamiento de fuerza es fundamental para incidir en el sistema nervioso central, afectado por
la enfermedad, ya que las células nerviosas (neuronas motoras) se ven afectadas (4).

La repetición de entrenamientos de fuerza con alta carga (siempre que se haya realizado una progresión adecuada y la persona no tenga limitaciones), incrementa más la activación neuronal de los circuitos de los ganglios basales que con pequeña carga (5). Por otra parte, este tipo de entrenamiento mejora la excitabilidad corticomotora, deteriorada en los pacientes con enfermedad de parkinson (6).

La tolerancia del entrenamiento de fuerza es en general buena y la mayoría de los pacientes son capaces
de tener una buena adherencia a programas de entrenamiento a largo plazo
siempre que no sufran problemas médicos importantes que limiten su actividad. Esta adherencia a largo plazo es fundamental ya que se obtienen mayores beneficios cuando la rutina de entrenamiento está integrada en la forma de vida de cada paciente (7).

Recomendaciones entrenamiento de fuerza

En comparación con las personas de la misma edad, aquellas que sufren Parkinson experimentan una reducción significativa en los niveles de fuerza y de potencia (8). Tal y como nos muestra la literatura científica, éste déficit de fuerza se asocia con un menor rendimiento funcional de la persona, menor velocidad de marcha, menor control postural, menor percepción del equilibrio, y un mayor riesgo de caídas (9). Además, hay que destacar que las personas con enfermedad de Parkinson tienen una densidad mineral ósea menor que sus homólogos de la misma edad, y tienen un mayor riesgo de fractura de cadera (10).

Dentro de la evaluación previa, personalización de cada persona y estadio de la enfermedad; se puede hacer una recomendaciones generales para maximizar los beneficios del entrenamiento de fuerza en pacientes con parkinson:

Recomendaciones generales para pacientes con Parkinson:

  • Entrena al menos 2-3 días en semana.
  • Sesiones de 30-45 minutos, complementa en inicio con ejercicios de movillidad y equilibrio.
  • Intensidad Moderada o alta (bajo supervisión profesional).
  • Mantén una continuidad mínima de 12 semanas para ver resultados significativos.
  • Entrena alternando grupos musculares de miembros inferiores y superiores por patrones de movimiento básicos, complementando con ejercicios más analíticos.
  • Progresión de trabajo bilateral a unilateral siempre que sea posible.

Reflexiones

Hemos visto, que el entrenamiento de fuerza es de suma importancia para el mantenimiento y mejora de la capacidad funcional del paciente con Parkinson, además de mejorar la función muscular, densidad mineral ósea, prevención de caídas… Como en otras enfermedades, aún falta más formación e investigación por los profesionales en ciencias del ejercicio físico. Aumentar la conciencia por parte del sector sanitario, para recomendar entrenamiento de fuerza supervisado por un profesional cualificado que entienda de programación del entrenamiento de fuerza y no se quede en meras recomendaciones generales con las que no se consigue un estímulo suficiente de mejora.

Nos quedamos en recomendaciones livianas como aquagym, pilates, «el trabajo con gomas de 3 x 15» que si bien es mejor que no hacer nada; en fases iniciales de la enfermedad y personas con mayor capacidad, se quedan muy por debajo del umbral de mejora.

Debido a la edad que se suele manifestar la enfermedad (50-60 años), después de una adaptación y control de la técnica; debemos orientar el entrenamiento con ejercicios sencilllos y repeticiones a la máxima velocidad intencional posible, que mejore la atrofia selectiva de las fibras musculares tipo II que entran en declive por la edad y el sedentarismo. Es decir, la capacidad de producir fuerza en el menor tiempo posible.

Desde Studio Boutique Multilevel Training contamos con un programa de entrenamiento de fuerza especializado bajo supervisión de José Manuel Salvador (doctorando en entrenamiento de fuerza y Parkinson).

Bibliografía

1..Ramazzina, I., Bernazzoli, B. y Costantino, C. (2017). Systematic review on strength
training in Parkinson’s disease: an unsolved question. Clinical Interventions in
Aging, 12, 619-628. doi: 10.2147/CIA.S131903

2. Morenilla, L., Márquez, G., Sánchez, J. A., Bello, O., López-Alonso, V., FernándezLago, H. y Fernández-Del-Olmo, M. (2020). Postural Stability and Cognitive Performance of Subjects With Parkinson’s Disease During a Dual-Task in an Upright Stance. Frontiers in Psychology, 11, 1256. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2020.01256

3. Surmeier DJ, Obeso JA, Halliday GM. Selective neuronal vulnerability in Parkinson disease. Nat Rev Neurosci [Internet]. 2017;18(2):101–13. Available from: https://doi.org/10.1038/nrn.2016.178

4. Corcos DM, Robichaud JA, David FJ, Leurgans SE, Vaillancourt DE, Poon C, et
al. A two-year randomized controlled trial of progressive resistance exercise for
Parkinson’s disease. Mov Disord 2013;28:1230-40.

5. Spraker MB, Yu H, Corcos DM, Vaillancourt DE. Role of individual basal ganglia
nuclei in force amplitude generation. J Neurophysiol 2007;98:821-34.

6. Kidgell DJ, Stokes MA, Castricum TJ, Pearce AJ. Neurophysiological responses
after short-term strength training of the biceps brachii muscle. J Strength Cond Res
2010;24:3123-32.

7. Corcos DM, Robichaud JA, David FJ, Leurgans SE, Vaillancourt DE, Poon C, et
al. A two-year randomized controlled trial of progressive resistance exercise for
Parkinson’s disease. Mov Disord 2013;28:1230-40.

8. Chung, C. L. H., Thilarajah, S., & Tan, D. (2016). Effectiveness of resistance training on muscle strength and physical function in people with Parkinson’s disease: a systematic review and meta-analysis. Clinical rehabilitation, 30(1), 11-23.

9. Mak MKY, Pang MYC and Mok V. Gait difficulty, postural instability, and muscle weakness are associated with fear of falling in people with Parkinson’s disease. Parkinsons Dis 2012: 1–5.

10. Sato Y, Kaji M, Tsuru T, et al. Risk factors for hip fracture among elderly patients with Parkinson’s disease. J Neurol Sci 2001; 182: 89–93